
Como entre la gente que ha intervenido en este blog, se ha podido apreciar una natural curiosidad por saber qué ha sido de nuestras vidas, os propongo iniciar una “sección” que se podría llamar, como he puesto arriba, “¿QUÉ HA SIDO DE NOSOTROS?”, en la que podríamos relatar qué hemos hecho en nuestras vida; no sólo nosotros, sino también todos los que queráis enviarnos unas fotos y unas notas autobiográficas.
De momento, y sólo porque soy el que tengo más a mano, comenzaré por mí, esperando que a los demás os apetezca seguir ese camino.
Supongo que un buen momento para iniciar esta especie de mini-memoria, podría ser cuando llegó a la misma academia donde estaba cursando el bachillerato, Andy. Nos hicimos amigos inseparables desde el primer día: compañeros en clase, de juegos en la calle, de salidas por el campo, para el cine Iberia y para el de los domingos en los Salesianos –donde nos hicimos un tampón con una pinza de tender, para poder cuñarnos una tarjeta y entrar al cine por el morro- de chicas, de más chicas y de más chicas, de jueves a la caza de churras (supongo que ahora no será políticamente correcto llamar así a las chicas de servicio, como tampoco creo que sea muy de recibo hasta qué punto nos implicamos juntos en alguno de aquellos ligues de mitad de la semana). De todo, en fin, para no alargarme.
Ni siquiera el que él se fuese al Instituto a terminar el bachillerato y a mí me matriculasen en la ETPI, con la pretensión de que primero me hiciese perito, para sentar baza, y luego siguiese hasta ingeniero, hizo que nos separásemos, pues como éramos muy aficionados a “pelarla” terminamos juntando amigos de un lado y otro y hacer una pandilla muy numerosa.
En la Escuela Industrial, conocí a Pedro, que se haría inseparable de nosotros dos. Andy, por su parte, conoció en el instituto Luis Vives, entre otros que también fueron de esa panda, a Paco, “el rubio”, Marín y a Tono, que formarían parte también de Tumbas. Después, no sé cómo, sólo sé que el presidente era un tal Enrique, se lió lo del Centro Cultural Ruzafa, donde se nos ofreció un local muy cuco, para que montásemos el Club Juvenil del centro, y allí nos fuimos conociendo todos.
Después de aquella magnífica temporada, y cuando salí de la mili, me dediqué a dibujar; actividad a la que he dedicado el testo de mi vida: primero con unos de Algemesí que querían publicar una especie de cómic en formato similar al de los diarios, después con unas historias sobre Félix Rodríguez de la Fuente, que parecía que iban a ser eternas, pero que se malograron enseguida por la misma competencia que la editorial Bruguera se hizo a sí misma. Lo que me llevó a volver a Valencia, desde Barcelona que es donde había trasladado mi residencia. Ahí, a través de un conocido pintor, del que no voy a dar su nombre, me dediqué por un tiempo a hacer historietas pornográficas para Italia. Después trabajé para Inglaterra, para Francia, Alemania… y hasta para Japón, antes de la fiebre de los manga. Pero donde encontré el “chollo” fue trabajando para la editorial Universo, de Milán, donde conseguí entrar por la feria del Cómic que hicimos en Paterna, y donde pagaban como uno no se podía haber imaginado.
Todo tiene su fin, y aquello se acabó un día; más o menos cuando el cómic se puso de moda y, paradójicamente, dejó de ser rentable. Así que me pasé a la publicidad, por lo que me confieso responsable de haber sido cómplice en dirigir vuestros hábitos de consumo. Lo siento, pero la vida es como es…
Pues eso, poco más o menos es lo que ha sido de mí. Espero que os animéis y, aunque sea así, a grandes rasgos, nos contéis vuestro paso por la vida, para que sigamos conociéndonos mejor.
Y así, hasta hoy.
Juano